Si acudimos a la etimología de la palabra, "Palestina" deriva de "Philistea". Fue el territorio costero conquistado por invasores
provenientes de Creta. La Biblia narra los enfrentamientos que mantuvieron
con los hebreos durante varios siglos, dando lugar a narraciones de profundo
impacto como el romance de Sansón y Dalila, los combates del rey Saúl y la
desigual pelea entre David y el gigante Goliat. Los filisteos, sin embargo,
nunca pudieron llegar a la profundidad del territorio que controlaban los
hebreos y es lógico suponer que terminaron asimilándose a estos, porque
nadie jamás volvió a mencionarlos. Las palabras "Philistea" y "filisteo" quedaban muertas, junto a los nombres de otros pueblos que habitaron el
Sinaí, Tierra Santa y sus alrededores.
No existe ninguna mención al "pueblo palestino" en toda la Antigüedad.
Ninguna. Sólo cabría homologarlo con los filisteos llegados desde Creta como
dijimos-, y que desaparecieron por completo. En contraste, resulta muy
fuerte y reiterativa en esa época la expresión "pueblo de Israel".
Recién luego de la segunda gran rebelión judía contra el imperio romano
resucitan los filisteos (sólo como palabra, no como pueblo). Adriano,
iracundo por una lucha que no parecía tener fin, decidió borrar los lazos
judíos con ese agitado territorio. A Jerusalén le cambio su nombre por el de "Aelia Capitolina" y a todo el país ordenó quitarle la conocida denominación
de "Judea". Con el pícaro propósito de convertirlo en un espacio que ajeno a
los judíos, escogió el nombre de quienes mil años antes habían sido sus
enemigos: los filisteos. "Judea" se convirtió en "Philistina". Es paradójico
que siempre quedaron viviendo allí judíos, pese a las matanzas, expulsiones
y conversión de muchos en esclavos. No existía un solo filisteo (palestino).
La decisión calenturienta y arbitraria de Adriano tuvo poca suerte durante
centurias, porque los judíos siguieron llamando Eretz Israel (Tierra de
Israel) a ese país y los cristianos la bautizaron "Tierra Santa".
La invasión árabe en el siglo VII se realizó en medio de la sistemática
islamización que se hacía del legado hebreo. Esa tendencia comenzó con el
profeta Mahoma, quien dictó el Corán, libro en el que no sólo se reproducen
nombres y episodios bíblicos, sino que se transfieren asuntos importantes,
como el sacrificio de Isaac a Ismael. No pretendo caer en un debate
teológico, sino señalar que Tierra Santa fue importante para la emergente
religión porque allí sucedieron hechos que refiere el Corán, pero
protagonizados por el pueblo de Israel. En ningún versículo asoma palestino
alguno, ni por casualidad.
Durante las Cruzadas murieron muchos judíos y musulmanes a manos de los
invasores. Tampoco en ese tiempo los musulmanes fueron identificados como
palestinos. Esa denominación hubiera parecido absurda.
Más adelante el Imperio Otomano redujo el país a "Vilayato de Jerusalén",
porción de una extensa provincia llamada Siria. Recién a fines del siglo XIX
volvió a renacer la palabra Palestina, con el objeto de diferenciar su
espacio del resto de Siria. Es interesante consignar que tuvo más éxito
entre los judíos que entre los árabes y musulmanes en general. Cuando a
principios del siglo XX surgió el nacionalismo árabe, manifestó su enojo y ¡acusó al sionismo de haber inventado Palestina! No había "pueblo
palestino", sino un territorio que se empezaba a llamar Palestina, y donde
todos sus habitantes cristianos, judíos, musulmanes, drusos- eran
identificados como palestinos. Los judíos se reconocían a sí mismos como "judíos palestinos". Hasta el diario sionista Jerusalem Post se llamaba
entonces Palestine Post.
El mapa demográfico había empezado a modificarse a partir del siglo XIX.
Según referencias de viajeros célebres, entre los cuales podemos mencionar a
Mark Twain- el país estaba casi totalmente desierto y abandonado. Se podía
viajar día enteros sin ver un alma. Había pequeñas comunidades judías
arraigados en Jerusalén, Iafo, Hebrón, Tiberias y Safed, que convivían con
una escasa población árabe (jamás llamada pueblo palestino, es necesario
insistir). Antes del primer Congreso Sionista (1897) ya se fundaron granjas
y empezó la sistemática inmigración judía. La actual geografía que comprende
a Israel, Jordania y los llamados Territorios Palestinos, se identificaba en
todo el mundo como Palestina, en especial gracias a la energía del
movimiento nacional judío, que creció de forma exponencial durante el
imperio otomano. Antes de la Primera Guerra Mundial inventó los kibutzim,
construyó carreteras, fundó grandes ciudades (Tel Aviv en 1909), forestó
colinas desiertas, habilitó granjas, levantó escuelas, amplió Jerusalén
fuera de las murallas y hasta organizó una fuerza de autodefensa. Cuando
estalló la Primera Guerra Mundial, la comunidad judía prestó un heroico
apoyo a las fuerzas aliadas. Antes de terminar la conflagración, en
reconocimiento a su despeño, fue lanzada la Declaración Balfour que
reconocía el derecho a levantar en Palestina un Hogar Nacional para el
pueblo judío.
Llegada la paz, las potencias victoriosas se distribuyeron con mentalidad
colonial toda la región. De ese modo Palestina e Irak quedaron bajo
hegemonía inglesa, mientras Siria y el Líbano (segregada de Siria) pasaron
al dominio francés.
Inglaterra, para agradecer el apoyo de la dinastía hashemita, designó a
Feisal rey de Irak y amputó dos tercios de Palestina para crear el reino
hashemita de Transjordania con Abdullah en su trono. Gran Bretaña tenía un
proyecto que no coincidía con la Declaración Balfour y, a poco andar, empezó
a obstruir el crecimiento del Hogar Nacional Judío. Pero en ningún momento
se hablaba de otro "pueblo palestino" que la totalidad de sus habitantes, en
especial los judíos, empeñados en conseguir la independencia. Los árabes no
manifestaron la misma ambición y ciertos grupos reaccionarios, dirigidos por
el filo-nazi Mufti de Jerusalén, escogieron como objetivo de su lucha
exterminar a los judíos que traían el progreso y la obscena secularización.
El resto de la historia es muy cercana. La ONU decidió la Partición de
Palestina en dos Estados, uno Árabe y otro Judío. El Judío voceó su
independencia apenas Gran Bretaña arrió el pabellón. Los árabes, en cambio,
no proclamaron ningún Estado, sino que se lanzaron a una guerra de
intenciones genocidas: "arrojar todos los judíos al mar". Cerradas las
hostilidades, tampoco proclamaron un Estado árabe en las tierras que
retuvieron. En 1949 Transjordania cambió su nombre por el de Jordania para
consolidar la apropiación de un espacio que jamás le había pertenecido.
Durante casi dos décadas no hubo ningún intento de erigir un Estado árabe en
los territorios bajo el poder de Egipto y Jordania. Recién poco antes de la
Guerra de los Seis Días, el presidente Nasser fundó la OLP (Organización
para la Liberación de Palestina) con el propósito de destruir a Israel y,
recién sobre sus ruinas, erigir un Estado árabe, quizás sin la Cisjordania
entonces en poder del reino hashemita (¡vaya paradoja, porque ahora
Cisjordania es el núcleo de la Autoridad Palestina!).
Las palabras "Palestina" y "palestinos" fueron perdiendo su sentido
original. Se ha impuesto uno nuevo, producto de una invención que adquirió
rápida potencia y se fue revistiendo de mitología, como atribuirle una
existencia anterior al patriarca Abraham. Ahora se habla del "pueblo
palestino" con una identidad excluyente y que es, además, el pueblo aborigen
de ese país (con absoluto desprecio de la historia): ya no son los judíos,
sino sólo los árabes de Tierra Santa o la histórica Eretz Israel quienes lo
integran. Se lo reconoce como un pueblo sacrificado que merece desarrollar
su compleja identidad, por supuesto, pero con una identidad sujeta a
complejos avatares. Por un lado muchos de sus miembros viven en el exterior,
muchos son mantenidos como rehenes en campos de refugiados (¡los más
crónicos del mundo!), muchos son buenos ciudadanos del Estado de Israel y
muchísimos son la mayoría absoluta de toda Jordania. Intuyo que una gruesa
porción anhela paz y progreso, pero esa porción racional es saboteada por
fanáticos que sólo apuestan a la violencia y no aceptan convivir con Israel.
Mientras ese sabotaje continúe firme, y se atribuyan las dificultades sólo a
la "maldad de Israel", el futuro del muy joven pueblo palestino, duele
manifestarlo- continuará neblinoso.
http://congresojudio.org.ar/coloquio
Difusion: www.porisrael.org